viernes, 11 de marzo de 2016

Los parásitos en el cuerpo humano (Parte III)

Generalmente el concepto de parásitos, tanto de profanos como de terapeutas, se limita, en el mejor de los casos, a considerar el aspecto etimológico del término. Se supone que el daño generado por estos huéspedes indeseables, es el robo de nutrientes que utilizan para su desarrollo. Si esto fuese así, bastaría con comer de más. Sin embargo, lo más grave de las parasitosis, es su significativo aporte contaminante.

Consideremos por un momento lo que significan los excrementos y desechos metabólicos de esta multitud de seres que nos habitan. Diariamente cientos de sustancias actúan y se acumulan en nuestro interior, generando no solo toxemia, sino también innumerables consecuencias sobre nuestra salud.

Aunque hay poca investigación al respecto, se conocen bien los efectos de algunas sustancias individualizadas. Es el caso de la histamina que secretan ciertos parásitos, o el acetaldehído, uno de los 79 desechos generados por la cándida en estado micótico. Indudablemente la cuestión de la parasitosis debería ser considerada como hipótesis básica en el abordaje de las habituales patologías modernas, malamente achacadas a genes, virus o estrés.

Después de que los parásitos entren en el cuerpo, estos liberan ciertas toxinas, que pueden causar varios tipos de infecciones y trastornos relacionados con la salud. Los parásitos, que están presentes en el tracto intestinal, pueden causar la inflamación del revestimiento interior o de la membrana mucosa de los intestinos. Las toxinas también pueden causar un mal funcionamiento de ciertos órganos como los riñones y el hígado. A continuación, se presentan algunos indicantes de la presencia de los protozoos en el cuerpo:
  • Las alergias: La presencia de ciertos parásitos en el cuerpo pueden causar reacciones alérgicas. Algunos parásitos irritan y perforan el revestimiento interno del tracto intestinal, lo que conduce a la permeabilidad intestinal (también conocido como un intestino permeable). La presencia de estos patógenos en el cuerpo, conduce a la producción excesiva de las células de defensa del cuerpo, llamados eosinófilos. Un exceso de estas células de combate en el cuerpo, puede causar reacciones alérgicas. La presencia de estos parásitos, que producen la alergia, también puede desencadenar la producción de más inmunoglobulina E (IgE), que es un tipo de anticuerpo.
  • La anemia. La presencia de ciertos tipos de gusanos, como Taenia solium (tenia), Ascaris lumbricoides (lombriz intestinal) y los trematodos hepáticos, se unen a la membrana mucosa del intestino y chupan los nutrientes del cuerpo. Si hay muchos gusanos presentes en el tracto intestinal,  que también tienden a chupar la sangre, causando la anemia por la deficiencia de hierro o la anemia perniciosa.
  • La distensión y los gases: La inflamación causada, debido a las toxinas producidas por los patógenos que viven en el intestino delgado, puede conducir a una sensación de saciedad o hinchazón y los gases. Esto también puede conducir a la indigestión de los alimentos ricos en fibra como los frijoles, las verduras y las frutas frescas. El síntoma de esta enfermedad, es una distensión recurrente en el abdomen. Este síntoma puede durar desde unos pocos meses a varios años, hasta que los protozoos són completamente eliminados del cuerpo.
  • El estreñimiento: Algunos parásitos són tan grandes que tienden a bloquear el paso intestinal restringiendo el movimiento intestinal adecuado. La infestación de los gusanos puede causar el estreñimiento, puede causar la eliminación de los materiales de desecho del cuerpo.
  • La diarrea: Ciertos protozoos, como la Entamoeba histolytica, pueden causar la producción de más de una enzima llamada prostaglandina, lo que conduce a la pérdida del sodio y el cloruro del cuerpo. Esta condición puede convertirse en diarrea o a la amibiasis, donde la persona puede experimentar heces sueltas y acuosas. Esta condición también puede conducir al síndrome del intestino irritable (IBS).
  • La fatiga: Los patógenos en el cuerpo pueden agotar la energía. Esto se debe a que los microorganismos causan la mala absorción de los hidratos de carbono, las grasas, los minerales, las proteínas y las vitaminas, que pueden dar lugar a las deficiencias. Todos estos factores pueden drenar la energía vital del cuerpo y acaban en la fatiga. A falta de un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado, este síntoma puede llevar al síndrome de la fatiga crónica.
  • El dolor articular y muscular: Los parásitos tienden a viajar a otras partes del cuerpo y, a veces, incluso a los músculos. Esto puede conducir a la rigidez muscular, el dolor, la irritación y la inflamación de las articulaciones.
  • Las enfermedades de la piel: Las toxinas producidas por los parásitos, pueden provocar reacciones alérgicas en la piel, como la urticaria, eccema y erupciones supurantes. La infestación de los protozoos puede causar la dermatitis, la inflamación, las úlceras y las lesiones en algunas partes del cuerpo, como la cara, alrededor de los ojos y los pies.
  • Otros síntomas: Algunos parásitos causan otros síntomas, como dolores, la apatía, los tumores, los trastornos del sueño, el rechinar los dientes, el desgaste muscular, la disfunción del sistema inmunitario, la capacidad de alteración cognitiva, dificultades de concentración, el nerviosismo, etc.

Las manifestaciones locales son aquellas que generan los parásitos en su lugar de permanencia. En este sentido podemos citar los problemas digestivos, tales como: mal aliento, apetito inestable, constipación, diarreas, gases, eructos, acidez, cólicos, distención o flatulencia, hemorroides, vómitos, cuadros apendiculares, vesiculares, diverticulares o litiásicos, sintomatologías ulcerosas, pancreatitis, gastroenteritis, náuseas, somnolencia, pesadez, reflujos, etc.


Las manifestaciones a distancia son aquellas que se desarrollan lejos del lugar donde están alojados los parásitos y ocurren por acción de sus toxinas; es decir que no es necesaria la presencia del parásito, para que se desencadene la sintomatología. Con respecto a su magnitud, es fácil imaginar que dependerá del grado de parasitado y su antigüedad. Más añeja la parasitosis, más significativos serán los síntomas y más tiempo llevará su resolución.

La prevención y el tratamiento.

Para prevenir las infecciones, es necesario mantener los hábitos de la higiene, como el lavado de las manos y las piernas después de venir de fuera, utilizando un desinfectante y beber agua hervida. Lavar las frutas y las verduras antes de consumirlas es también necesario, para evitar cualquier tipo de infección. Para el diagnóstico, el médico puede pedirle someterse a una resonancia magnética (IRM) para detectar la presencia de los gusanos. Una muestra de las heces también se puede tomar, en el caso de los gusanos intestinales. En el caso de estar infectado por los parásitos o los protozoos, se indican algunos antibióticos y otros medicamentos.

En algunos casos, los parásitos en el cuerpo pueden ser potencialmente mortales y también pueden dañar el sistema inmune. Así que, si observa cualquier síntoma de los parásitos en usted o sus familiares cercanos, consulte con un médico, quien puede hacer las pruebas y pedir los respectivos exámenes de diagnóstico y luego prescribirle medicamentos, para tratar los síntomas y para evitar cualquier infección posible. ¡Tenga cuidado!


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