miércoles, 9 de septiembre de 2015

Elevándonos en el Amor

La vida no existe en aislamiento. Existe en las relaciones interdependientes. Nuestras relaciones existen en muchos niveles de conciencia. Tal vez no estés consciente de que no solo estamos relacionados con nuestros seres queridos cercanos sino con todo lo que existe en este planeta o en el universo. Estamos relacionados con la tierra, el aire, el firmamento y el sol, con los árboles, las aves y los animales: con todos los seres de la naturaleza.

Hay en ellos una unidad orgánica y una conexión con la vida de todos los seres. Pero lo importante para nosotros son nuestras relaciones humanas; relaciones entre personas que se aman, entre esposo y esposa, entre una madre y sus hijos, entre hermanos y hermanas. Estas relaciones pueden distinguirse gracias a los diversos grados de apego que llegamos a experimentar con ellas.

Tenemos una relación con la tierra, el sol y la luna, con el aire, el agua, el fuego y todos los elementos de la naturaleza. De hecho no podemos vivir sin ellos ni siquiera por un día. Aunque dependamos por completo de los elementos naturales y tenemos con ellos una relación tan cercana como la de una madre con sus hijos, es sorprendente que no sintamos hacia ellos el tipo de apego que sentimos por nuestras relaciones familiares o incluso por nuestros amigos. Sabemos que nuestra relación con los cinco elementos es también parte de nuestra sangre

Rigen nuestras emociones y pensamientos, nuestro corazón y nuestra mente, pero sólo nos involucramos emocionalmente con nuestras relaciones humanas, y entra en ellas el elemento del apego. Nos envolvemos y nos involucramos a tal grado que llega un punto en que nos damos cuenta de que no podemos vivir sin estas relaciones. Sin ellas la vida parecería insoportable.

En todas nuestras relaciones, el amor se manifiesta como un apego en sus primeras etapas. Un niño actúa posesivamente hacia su madre y su padre, y siente ese mismo apego y poseción hacia sus juguetes o sus muñecos. Luego el niño crece, se convierte en un joven y empieza a enamorarse de personas del sexo opuesto, y el apego asume una forma diferente. El joven se apega a la persona que ama y se vuelve posesivo, le resulta dificil vivir sin esta relación. Este apego podría convertirse en un asunto de vida o muerte. Vemos que algunas personas se suicidan cuando fracasan o se frustran en una relación, o que incluso asesinan a otros en su desesperación. Este apego muestra la intensidad de la crudeza del amor. Existen razones para decir que cuando alguien se enamora cae en un abismo. Hoy en día, el amor tiene un nivel tan bajo, que es una fosa abismal.


Este apego no es un amor sano y no nutre a las personas. Es un tipo de amor estancado que no evoluciona en lo relacionado con la capacidad consciente. El amor solo deja de hundirse en el abismo y empieza a elevarse cuando nuestra capacidad consciente crece. La meditación y la capacidad consciente refinan el amor, y la sensibilidad le da alas y le ayuda a ascender. Entonces las personas crecen en el amor. El enamorarse tiene un movimiento ascendente en lugar de descendente. El amor se vuelve capaz de compartir sin exigir nada a cambio. El amor conoce el gozo de dar sin esperar conseguir nada. El amor se vuelve incondicional y ayuda a la otra persona a elevarse al mismo nivel.

Enamorarse con tendencias descendentes lleva invariablemente a la miseria, mientras que elevarse en el amor lleva a una relación gozosa. Este amor se entrega con confianza, no con temor o inseguridad. El amor verdadero no conoce la inseguridad ni el miedo. Este amor se entrega en libertad, no en forma posesiva, ya que confía plenamente y sabe dar libertad a la persona amada.

El apego es como la fuerza de gravedad y es terreno, pero la libertad da alas al amor para que pueda volar a grandes alturas en el firmamento. El verdadero amor necesita tener sus raíces en la tierra, pero también necesita alas para volar en el cielo. Necesita nutrirse tanto de la tierra como del cielo. El amor es un arco iris multicolor que esta entre la tierra y el cielo.

OSHO dijo: "El amor es, al mismo tiempo, rico y doloroso, es agonía y es éxtasis; porque el amor es el punto de reunión entre la tierra y el cielo, entre lo conocido y lo desconocido, entre lo visible y lo invisible. El amor es el límite que divide la materia de la capacidad consciente, es el límite entre lo inferior y lo superior. El amor tiene raíces en la tierra; raíces que son su dolor y su agonía. Y el amor tiene sus ramas en el cielo, lo que representa al éxtasis. El amor no es un fenómeno unidimensional, es bidimensional. Es una cuerda extendida entre dos polaridades".

Enamorarse con tendencias descendentes también lleva a la lujuria, y al caer en la inconsciencia de la lujuria el amor muere.

En una de sus muchas charlas OSHO decía: "La lujuria es la codicia, la lujuria es apego, la lujuria es poseción. El amor no necesita poseer, el amor no conoce el apego, porque el amor no es codicia. El amor es un don. Es compartir. Encuentras algo; tu corazón está lleno, tus frutos están maduros. Deseas que alguien venga para compartirlos. Es un deseo incondicional; no importa quien los comparta. Pero estás tan lleno que quisieras descargarlo, como cuando las nubes están llenas de agua lluvia.


A veces las nubes dejan caer la lluvia en un bosque, a veces en una colina, a veces en el desierto, pero la lluvia cae. El lugar donde caiga es irrelevante. Las nubes están tan llenas que deben hacer que llueva. La persona que ama está tan llena que se convierte en una nube llena del agua del amor; tiene que producir lluvia. Esa lluvia es espontánea".

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